No hay nada peor que dormir 50 minutos por culpa del calor y despertarte a las 7 de la mañana porque algún desgraciado ha tirado una colilla encendida a tu balcón y le ha prendido fuego. Vamos, que me he tirado un cuarto de hora echando cubos de agua en bragas y camiseta (los vecinos de enfrente estaban encantados), maldiciendo a los vecinos y oyendo los gritos de mi madre ante sus adoradas plantas en llamas.
Y, para colmo, la tienda que tenía que usar para irme de acampada la próxima semana con unas amigas ya no existe.









